domingo, 1 de marzo de 2009

Ya lo dijo Kavafis...

...y otros antes que él, por supuesto, y muchos otros antes, y alguno después... Aunque tal vez no de tan soberbia manera. Aquí está el túmulo, su inexpugnable tallado en la roca (otra pila como la de McCarthy, insisto):



Esperando a los bárbaros


-¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan.

-¿Por qué esta inacción en el Senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los Senadores?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
¿Qué leyes van a hacer los senadores?
Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.

-¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto
y en su trono, a la puerta mayor de la ciudad,
está sentado, solemne y ciñendo su corona?
Porque hoy llegarán los bárbaros.
Y el emperador espera para dar
a su jefe la acogida. Incluso preparó,
para entregárselo, un pergamino. En él
muchos títulos y dignidades hay escritos.

-¿Por qué nuestros dos cónsules y pretores salieron
hoy con rojas togas bordadas;
por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos engastados y esmeraldas rutilantes;
por qué empuñan hoy preciosos báculos
en plata y oro magníficamente cincelados?
Porque hoy llegarán los bárbaros;
y espectáculos así deslumbran a los bárbaros.

-¿Por qué no a acuden, como siempre, los ilustres oradores
a echar sus discursos y decir sus cosas?
Porque hoy llegarán los bárbaros y
les fastidian la elocuencia y los discursos.

-¿Por qué empieza de pronto este desconcierto
y confusión? (¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.


Por los siglos de los siglos, amén. Y otra opinión, de postre.
Paco

7 comentarios:

Jose Manuel dijo...

Esto de los bárbaros se anima bárbaramente. Por cierto haciendo gala de mi barbarie (y la tortura es una de sus manifestaciones), de mi rechazo a la poca alma compasiva que me queda, me apunto sin contemplaciones al castigo de Mercedes sobre la audición completa de la discografía de Irasema, Rita. (y resumen comentado para el día 12, que asumo que es la próxima cita)
Todorov en su ensayo "el miedo a los bárbaros" centra el problema en el reconocimiento del "otro" como humano. Y el otro es el espejo de uno mismo, aunque la imagen que vemos sea deformada y amenazante. Si nuestra identidad tiene que ver (necesariamente) con la barbarie, podremos comprender (aunque con pesimismo)la historia de nuestra especie. Otra de las cosas que dice Todorov tiene que ver con el miedo. El clasifica los países según su pasión dominante. La de los nuestros (el mundo desarrollado occidental) es el miedo (otros resentimiento, otros apetito, otros indiferencia e indecisión) y como comentaba alguien el el blog, el miedo en la cultura es signo definitivo de decadencia. Busquemos branquias, y tampoco tengamos miedo al relativismo (mucho tendríamos que cambiar para ser relativistas) Además, el mundo ya no es nuestro no tenemos nada que perder ante los “bárbaros”

Anónimo dijo...

Excelente el poema de Cavafis, sin duda.

Eso sí, parece que estamos poniendo demasiado énfasis en un solo punto de vista, según el cual no hay bárbaros, sino miedo.

Sería interesante analizar el contrario: o sea, ver si efectivamente estamos en una sociedad putrefacta que está perdiendo unos valores, pero que sí existen tales valores, y debemos luchar por ellos a capa y espada.

Baricco nos da algunos ejemplos (el buen vino, el futbolista indivual, etc.), aunque no llegan a convencernos. El Papa tiene claros cuáles son esos valores. Sokal defiende la ciencia cómo verdad absoluta. Y a nosotros, ¿nos quedan puntos de referencia?

Tema para un largo debate
Un abrazo
Ignacio

Anónimo dijo...

Breve pero interesante crítica al texto de Todorov que cita Jose Manuel:

El miedo a los barbaros, de Tzvetan Todorov

Chu dijo...

Yo soy más mala que vosotros, o más bárbara, y pienso que no hay mayor penitencia que la que uno mismo se impone. El castigo se lo ha puesto ella misma al no acudir a la cita, pues no pudo disfrutar de una conversación tan interesante como la que mantuvimos ni de nuestra maravillosa compañía. Simplemente, dejaría correr un tupido velo. Ella se lo perdió, porque haber habrá más, pero no como la que fue; irrepetible.
Volviendo a Baricco y al futbol, que por fin me lo he leído, quiero hacer un par de apuntes para que lo hablemos en la tertulia, si os parece:

- Individualismo
- Sentido del deber: sacrificio y esfuerzo.

Buen domingo para todos!!
Un beso, Chu.

Francisco Javier Torres dijo...

Me quedo con esta referencia del artículo que recomienda el fantasmal anónimo ése de los cojones (con perdón, pero es que se me acaba de terminar el espíritu posmoderno, je, je):

"Por otra parte (Todorov) no parece reconocer un término medio entre el respeto y la injuria, y este existe: la sátira, tremenda higiene cultural y psicológica. Pero la sátira sólo puede funcionar en términos de igualdad y reconocimiento, y desde luego no puede ser impuesta."

No por la crítica a Todorov, sino por lo que dice de la sátira. Sobre todo con eso de que resulta de una "tremenda higiene cultural y psicológica". Quien dice la sátira, dice el humor, la ironía (la inteligencia, el sentido crítico, por tanto, que conlleva para que sea eficaz, claro). A ver Emilio, nuestro sátiro, digo, satírico mayor, qué dice al respecto.

Y bueno, miedo, miedo, lo que se dice miedo, Ignacio, no es que tengamos mucho. Yo al menos no demasiado, si obvio el choque de civilizaciones, claro, pues ése es otro tema distinto al tratado aquí, me parece. Lo que tengo es un interés bárbaro en entenderme con mi propia civilización, con esa que muta ahora ante mis propios ojos.
Y en cuanto a valores, mejor olvidar los del Rotweiler, según creo. Y la sensación de habitar en una sociedad putrefacta y decadente es una constante histórica. Recuerdo un artículo de Rubén Darío escrito en ¡1899! El nicaragüense daba noticia ahí de un encuentro con Núñez de Arce (el primer poeta de España, decía, qué ojo) en el que clamaba éste último por la fragilidad de la !nacionalidad española! propociada por los diablos socialistas, anarquistas, nihilistas de entonces. Yo me acordaba de este artículo cada vez que oía a los peperos clamar apocalípticamente en defensa de la ¡unidad de España! cuando el año pasado se reformaron los estatutos de autonomía ¿te acuerdas? En fin, que nada nuevo bajo este sol. No, yo no creo, ya digo, que ese sea el tema. Aunque quepa, claro está.

Archie dijo...

Todos pensamos que los bárbaros son los otros, los distintos, pero no vemos la decadencia actual de nuestra civilización. Y eso que desde 1864 Becquer la mencionaba, Ruskin, William Morris (News from nowhere), HGWells y finalmente Oswald Spengler en "La decadencia del Occidente".
No tengais miedo, los bárbaros desde la época de Roma, nos dominan, pero luego adoptan nuestras costumbres ("La cultura de las ciudades" Lewis Mumford)
Como diría Woody Allen, ¿porque nos preocupamos, si vivimos en Benalmádena?
Archie

Chu dijo...

¡Hola, Archie!
Me alegra verte por el ciberespacio. Me alegra mucho verte en cualquier espacio. :-)

¿También tú, poniendo deberes? Bueno, pues he estado curioseando un poco y he encontrado un texto que me parece muy apropósito, según los comentarios que últimamente estoy escuchando por aquí y por allá. ¿Estamos en la cuarta fase?, (no sé qué opináis vosotros), aunque debe ser una cuarta fase muy larga, porque mi abuela también comentaba lo mismo...

Os pongo el texto:

Spengler es conocido como representante del historicismo y por su teoría de la Kultur expuesta en La decadencia de Occidente. En el centro de su doctrina se encuentra la idea de la pluralidad cultural de la humanidad. La civilización, en singular, no existe. La Historia, como manifestación que es de la vida, se nos ofrece con los requisitos de toda realidad viviente, esto es, articulada e interrelacionada como están las partes activas de un organismo. La Historia es lo mismo que un proceso biológico, y, como tal, pasa por etapas necesarias de gestación, nacimiento, desarrollo y consumación. De lo cual se sigue que una determinada concreción histórica, es decir, una cultura, ha tenido unos antecedentes, nace, se manifiesta en un desarrollo propio y se extingue al final de ese proceso natural (son lo que Spengler llama las cuatro edades de la cultura).

Con este esquema fijo se acerca Spengler al estudio de las diversas culturas: la Oriental, la Antigua, la del mundo árabe y la de Occidente. Según él, la gestación de una cultura se concreta primeramente en la asimilación de elementos mítico-místicos; sigue a ello la rebeldía contra la tradición, a la vez que se elabora un esqueleto científico. Una tercera etapa supone la hegemonía de la razón y el ejercicio de los valores democráticos. Por último, la cuarta etapa, o de decadencia, supone un momento de enfriamiento racionalista, con la inevitable aparición del escepticismo, el materialismo y el paganismo.

"Ay, Lolita... cómo está el mundo!"
Besos, y buenas noches.